Campaña de lectura: Historia e identidad nacional en los libros

viernes, 26 de agosto de 2011

Aquí la entrega de la campaña de lectura, publicada en la gaceta


Augusto Rubio. Facultad de Artes, 2008



Con ellos se introducen nuevos protagonistas que no son solo ejemplares, sino modelos de bravura e imaginación que permiten el aprendizaje del niño de forma un poco más autodidacta; estos personajes tienen como característica especial el ser graciosos campesinos o hábiles muchachas capaces de derrotar a las bestias más temibles.

En “El libro infantil mexicano (1870-1900)”, Beatriz Alcubierre Moya presenta, con una fluida narrativa, una breve pero bien ejemplificada historia de los libros infantiles. El texto inicia con el ideal que prevalecía en el siglo XIX, el cual pretendía “civilizar” al pueblo mexicano a través de los niños mediante la copia de los modelos de cultura europeos. Posteriormente, la enseñanza de la historia patria adquirió una importancia cada vez mayor, pues se buscó crear una identidad propia a través de costumbres y ritos nacionales. El rastreo exhaustivo de la trayectoria que sigue esta literatura encuentra su vinculación inicial con la religión; pero aunque este género experimenta un cambio substancial, no logra deslindarse por completo de sus inicios ortodoxos.
Siguiendo con la idea de una experiencia didáctica surge una nueva tendencia: la de favorecer la lectura corrida, es decir, la “corriente”, frente a la dialogal, la cual no desprenderá a la literatura infantil de las antiguas formas y materiales que obligaban a la memorización y dejaban de lado el entendimiento y la subjetividad, pero que sí, en cambio, abogará por una exposición narrativa que pueda capturar la atención del niño lector sin agobiarlo con datos “inútiles”, además de agregar algunos cuestionarios para que el alumno se compenetre bien con los términos empleados.
Sin embargo, la literatura no es el principal objetivo; más bien es el eje que permite alcanzar otros ámbitos para comprender su evolución, como las “buenas costumbres”, el orden social, la historia de México, las instituciones en el país y hasta la política. Como ejemplo están los textos del editor Calleja, quien reformula los cuentos infantiles usando como impronta la literatura picaresca española en lugar de los cuentos de hadas tradicionales. Con ellos se introducen nuevos protagonistas que no son solo ejemplares, sino modelos de bravura e imaginación que permiten el aprendizaje del niño de forma un poco más autodidacta; estos personajes tienen como característica especial el ser graciosos campesinos o hábiles muchachas capaces de derrotar a las bestias más temibles. A esos cuentos se suman las imágenes, que se convertirán en elemento fundamental para los nuevos libros infantiles, al comenzar a perder su carácter de anexo para tomar posesión del texto y constituirse en el nuevo lenguaje entre el niño y el texto.
Por otra parte, la nueva forma en que la infancia es percibida obliga al género de la literatura infantil a mostrar una percepción cada vez más definida del niño como lector, mediante una preocupación por conseguir su sincero interés y el olvido de la anterior idea en la que se revelaba al niño como alguien de limitada capacidad intelectual.
Se traza, en fin, una línea definida que va desde las primeras instituciones creadoras de la literatura para niños hasta el momento en que, ya en el siglo XX, la progresiva interdependencia entre la imagen y el texto escrito representan un proceso irreversible en la evolución de este género, pasando por su emancipación de la religión y por un vistazo a lo fantástico que llega hasta los hermanos Grimm. Por otro lado, el texto hace una puntual diferenciación entre géneros literarios, autores, lectores y situaciones sociopolíticas, con las cuales se descubre la preocupación de crear una identidad nacional y un sentimiento de amor al país a través de los libros para niños.

Referencia
Beatriz Alcubierre Moya, “El libro infantil mexicano (1870-1900)”,  Ciudadanos del futuro. Una historia de las publicaciones para niños en el siglo XIX mexicano, UAEM/Colmex-CEH, Cuernavaca/México DF, 2010, pp. 111-140.

• Estudiante de la Licenciatura en Letras, Facultad de Humanidades, UAEM

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