Ciudades seguras. Cultura ciudadana, eficacia colectiva y control social del espacio

jueves, 30 de agosto de 2012


En el presente volumen se recogen las ponencias presentadas dentro del Primer Simposio sobre Seguridad Ciudadana y Control Social del Espacio, realizado en la ciudad de Cuernavaca en noviembre de 2009. El simposio giró sobre cuatro ejes centrales: seguridad en las ciudades y control del territorio; estado de derecho y vulnerabilidad social; la percepción y representación de la inseguridad; participación y construcción de la ciudadanía. Las cuatro partes de este libro corresponden a dichos ejes.



En el contexto mexicano, la guerra contra las drogas declarada por el presidente Felipe Calderón al inicio de su administración lleva un saldo miles de muertes, y la mayoría de los enfrentamientos han tenido lugar en zonas urbanas. La estrategia de utilizar la fuerza para combatir la violencia ha resultado en más víctimas y daños colaterales sin haber logrado incidir de manera significativa en el mercado internacional de estupefacientes.


Sin embargo, lo que es más delicado es que las organizaciones criminales estén diversificando sus actividades e incluso integrándose dentro de los circuitos legales de la economía, de modo que “[...] toda la evidencia existente sugiere que el crimen organizado ha logrado adaptarse a la globalización de manera más exitosa que los Estados-nación y que buena parte de su poder reside en esta capacidad de acoplamiento” (Chabat, 2010: 6).

Uno de los aspectos que ha sido poco analizado de dicha guerra son los efectos que a nivel territorial ha significado la utilización de las ciudades como campos de batalla. Es frecuente por ejemplo, que en distintas ciudades del país se desarrollen enfrentamientos entre cárteles rivales, se hagan bloqueos de las vías principales y se realicen ocupaciones militares en conjuntos residenciales de lujo o en fraccionamientos exclusivos cerrados, transgrediendo el espacio urbano.

Hoy en día el Estado no tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza. El monopolio es frecuentemente rebasado por el armamento, logística y organización de grupos criminales (sobre todo con respecto a las policías estatales y municipales) y tampoco puede calificarse como legítima cuando los métodos no son validados por la población, los empresarios ni el Congreso. El sistema de tráfico de estupefacientes en el territorio nacional se basa en el control de rutas estratégicas —las cuales tienen como puntos de articulación a las ciudades— para su acoplamiento con la distribución en el mercado estadounidense. El control de las “plazas” ha desencadenado en los últimos años violentas batallas para que los cárteles dominantes mantengan las rutas de distribución.

Existe toda una discusión acerca de la legitimidad de la violencia, desde Wright Mills definiendo el Estado como “el dominio de un hombre sobre otro basado en la violencia legítima, o supuestamente legítima” (Wright Mills, 1956: 171), hasta Max Weber y León Trotsky, quienes compartían la visión de un Estado que está siempre fundado sobre la violencia. Al respecto, Arendt matiza el hecho de que si bien el poder efectivamente es la esencia de todo gobierno, la violencia no lo es; por lo tanto, al tener la violencia una naturaleza instrumental, el Estado la utiliza como medio para la consecución de sus fines (Arendt, 1969: 51). En el caso del México contemporáneo, la violencia ha sido instrumental para tratar de ganar legitimidad, después de una elección presidencial fuertemente cuestionada en términos de transparencia y legitimidad. Más adelante, la violencia desatada a partir de la declaración de guerra contra el narcotráfico generó un repliegamiento de los ciudadanos a la esfera privada mientras el ejército y las fuerzas del orden pasaron a cumplir funciones policiales dentro de la esfera pública. Si validamos la propuesta de que la violencia es instrumental, siempre necesitará justificarse a través de los fines que persigue, y si bien el ejercicio del poder no necesita justificación, sí requiere un cierto grado de legitimidad (Arendt, 1969: 52).

Es importante enfatizar la diferenciación entre seguridad y control. Si bien en América Latina se presenta una simbiosis de los dos conceptos, el control del crimen involucra tanto las acciones para el restablecimiento del orden por parte de los ciudadanos en el mantenimiento de la cohesión social y el manejo de las relaciones de grupo. Sin embargo, es frecuente que la atención se centre en las instituciones del Estado mientras se subestiman las prácticas sociales informales sobre las que depende la acción estatal. Las teorías que están modelando las políticas de seguridad pública se basan en los mecanismos de control que identifican al crimen y la delincuencia no como problemas de privaciones sino como resultado de la falta de mecanismos de control adecuados.

El siglo XX fue visualizado por Lenin como un siglo de guerras y revoluciones, en donde la violencia se convertía en el común denominador. Sin embargo sería Camus, apenas iniciada la segunda guerra mundial, quien lo definiría como el siglo del miedo. Quizás el naciente siglo XXI se perfile como el siglo de la ansiedad, en donde van derrumbándose las instituciones y el individuo se encuentra cada vez más inseguro dentro de un entorno cambiante, volátil y sin reglas del juego.

Esta desestructuración de la sociedad impide tener un marco de referencia base, en donde se rechace “[…] un mundo donde el asesinato es legítimo, y donde la vida humana no tiene importancia” (Camus, 2002: 50). Si bien la muerte ejerce una fascinación particular sobre los mexicanos con “el carácter mortal, agresivo y suicida de nuestras explosiones” (Paz, 1959: 62), es necesario recuperar el sentido original de las leyes como garantes sociales legitimadas por la ciudadanía. El control social informal tendría como ejemplo la polis ateniense, la cual tenía como su mayor mérito que “los ciudadanos actuaran como guardaespaldas entre sí para que ninguno tuviera una muerte violenta” (Xenophon en Hiero, IV: 3).

La violencia en América Latina está imponiendo lo que Arendt denomina una “sociedad totalizada”, en donde el individuo es caracterizado por su soledad, falta de identidad y ausencia de relaciones sociales. Ante este panorama, es conveniente referir la importancia de los controles formales e informales en la sociedad, en donde la gente adopta restricciones para poder estructurar sus relaciones con los demás y reducir así los costos de dichas interacciones. La estructura dominante se define mediante códigos de conducta, normas de comportamiento y convenciones sociales como restricciones informales acordadas de manera colectiva, tácita e implícita. Sin embargo, aun cuando las normas formales como las informales juegan un papel importante en el momento de tomar decisiones de carácter moral y ético, el resultado de la aplicación de dichas normas dependerá de la sociedad particular (North, 1990: 36).

Ciudades seguras. Cultura ciudadana, eficacia colectiva y control social del espacio 
Alfonso Valenzuela Aguilera (coordinador) 
UAEM/Miguel Ángel Porrúa (Serie Estudios Urbanos, Seguridad) 
Cuernavaca/México DF, 2012, 328 páginas
ISBN: 978-607-401-447-1 (Porrúa)
$360


Índice


Primera parte
Ciudades seguras y el control del territorio

Hacia una nueva comprensión de la violencia y la seguridad 

Cultura ciudadana, Estado de Derecho y el control del territorio en la Ciudad de México 

Seguridad y control social en los centros comerciales de la Ciudad de México: ¿de lo público a lo privado? 

El diseño ambiental para convivir en ciudades seguras y con calidad de vida 


Segunda parte 

Estado de Derecho y vulnerabilidad social 

El papel de la policía judicial en la investigación de los delitos en la Ciudad de México 

Vulnerabilidad social e inseguridad. Un modelo para el caso de Quintana Roo 

Tijuana: violencia e inseguridad en una ciudad abierta de una frontera sujeta a control 


Tercera Parte 

Percepción y representaciones de la seguridad 

Mesetas del turismo. Nuevo Peñasco, Sonora: función imaginaria del urbanismo defensivo 

La nueva reivindicación de seguridad por los sujetos modernos y su tratamiento por la vía del lazo social. Una lectura desde el psicoanálisis en diálogo con las ciencias sociales 

Percepción de la inseguridad en las ciudades de Cozumel, Playa del Carmen y Cancún, México 

En escenario violento, la in-corporación del peligro a partir del cuerpo dañado. Percepción y experiencias al margen en la ciudad de Tijuana 


Cuarta parte 

Participación y construcción de ciudadanía 

Geografías urbanas en la era del neoliberalismo. Una conceptualización de la resistencia local a través de la participación cívica y la ciudadanía activa 

Actitudes hacia el castigo del delito y orientaciones hacia la democracia en la América del Sur 

Modelo de seguridad integral basado en la participación ciudadana 

Procesos de cualificación barrial y participativa en asentamientos informales: propuestas para la ciudad de Ibagué (Colombia)

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