Arquetipos, memorias y narrativas en el espejo. Infancia anormal y educación especial en los siglos XIX y XX

miércoles, 12 de diciembre de 2012


Hacia finales del siglo XIX, tanto en Europa como en América Latina, el higienismo y la psiquiatría colonizaron la mayoría de los aparatos de Estado (salud pública, justicia, educación, tribunales de menores, etcétera). Un nuevo proyecto, vinculado con estos nuevos dominios médicos, aparece en el horizonte de la escuela e irá a transformar los discursos y las prácticas en dicho ámbito.
Allí encontramos el punto de partida de estos Arquetipos, memorias y narrativas en el espejo —tan valiosos como indispensables—, es decir, en el momento mismo en que el higienista y el psiquiatra trazan la silueta de la infancia anormal.
No obstante, para que esa puerta se abriera debió cerrarse otra. El médico, antes de brillar en el escenario de la escuela, debió luchar contra el maestro para imponer sus nociones, personajes y tecnologías.
No existen demasiados testimonios de aquel enfrentamiento. La carta que el ilustre higienista argentino Emilio Coni escribe a Sarmiento en 1881 es reveladora y permite conjeturar sobre dos proyectos diferentes que se enfrentaban y tensionaban la escuela pública: “Buenos aires, agosto 23 de 1881.—Al Sr. Superintendente General de Educación, don Domingo Faustino Sarmiento.
Los que suscriben, miembros de la Comisión Escolar de la 2ª. Sección, se han impuesto del contenido de la nota del Señor Superintendente fecha 17 del corriente en la que se transcribe la resolución recaída con motivo del periodo de fondos hechos por aquélla, para establecer la inspección higiénica y médica de las escuelas”.
Sarmiento, para entonces Superintendente General de Educación de la ciudad de Buenos Aires, había rechazado las primeras propuestas de los higienistas que pregonaban por la atención escolar del niño débil junto a la creación del cuerpo médico. La propuesta estaba inspirada en una experiencia realizada por la Comisión Escolar de la segunda sección, que tomó como modelo la inspección médica e higiénica de Bruselas, conocida por Coni durante su viaje a Europa: “Amantes del progreso y bienestar de este país [continúa Coni], deploramos altamente que ese Consejo quizá no haya meditado suficientemente la resolución que se nos ha comunicado, porque ella importa acordar ningún valor a nuestra contracción y buenos deseos, que ni siquiera han merecido una palabra de agradecimiento en la nota del Señor Superintendente”.
Este episodio daba cuenta de la presencia en el gobierno de la escuela de dos proyectos. Ambos coincidían en términos generales en la necesidad de secularizar la cultura, pero pronto veremos cómo uno de ellos dejará paso progresivamente al otro, hasta transformarse y perder su fisonomía original.
Hasta mediados de la primera década del siglo XX aproximadamente, en la escuela argentina prevalece la hegemonía del normalismo fundador por sobre la de los médicos. Un atento recorrido a través de los títulos publicados por El Monitor de la Educación Común —la revista editada por el Consejo Nacional de Educación— muestra que los temas más frecuentes son de tipo pedagógico o moral, con especiales referencias a prácticas escolares estadounidenses.
La experiencia descentralizadora de Buenos Aires, la importación de personalidades, maestras y libros estadounidenses, las conferencias, los célebres normalistas, así como también el rechazo de las iniciativas de Coni, son prueba de la hegemonía de los maestros.
A partir de 1907 y especialmente de 1908, año en que el médico higienista y psiquiatra José María Ramos Mejía asumió la presidencia del Consejo Nacional de Educación, los autores y los temas comenzaron a desplazarse hacia ámbitos diferentes a los del periodo anterior. José Ingenieros, Emilio Coni, Carlos O. Bunge, los médicos escolares Genaro Sisto, Luis Cassinelli, etcétera, junto con Binet, Claparéde y otros autores franceses escribían sobre los niños débiles y anormales, higiene y psicología escolar, la función de la escuela en la atención de los anormales, etcétera.
Desde entonces, la penetración de las ideas higienistas en el aparto educativo va a producir efectos concretos en la organización de la escuela. Higienistas y alienistas comenzarán a medicalizar el espacio educativo y será necesaria una larga batalla —librada en distintos escenarios y con adversarios que cambian— para desalojarlas del ámbito escolar.
Es posible que en la mayoría de los sistemas educativos de América Latina la figura del médico haya avanzado en un escenario dominado inicialmente por el normalismo. Es probable también que el avance de los médicos haya sido estratégico para el desplazamiento de la iglesia del ámbito de la escuela, como aparece claramente en el caso argentino.
Resulta necesario —en una línea que complementa la mirada que propone este libro — retomar también los arquetipos, memorias y narrativas vinculados al maestro, en tanto la historia de la escuela presenta variaciones y dispersiones que se expresan en rostros muy diferentes.
Muchos de esos rostros han sido mostrados por el cine más que por la teoría. Films como La lengua de las mariposas, Machuca, Heredarás el viento, Los coristas, muestran la silueta virtuosa del maestro, su figura combativa, su ethos emancipador.
Andrés Bello, Simón Rodríguez, Sarmiento, Altamirano, representan el paradigma de esa conjunción virtuosa, donde el maestro normal conjugaba la escritura, la militancia política y la educación.
Heredero de jesuitas y franciscanos, el normalismo elaboró una tecnología educativa con muchos de los elementos del misionado colonial.
Fueron los jesuitas —como se sabe— quienes se habían destacado en la educación de las colonias. Hijos del Concilio de Trento y avanzados en la nueva evangelización, los hermanos de la Compañía de Jesús perfeccionaron una tecnología de gestión de los cuerpos y de las almas, que forma parte de lo más originario de la arqueología escolar.
Los seguidores de san Ignacio fueron maestros de disciplinas. Las reglas que elaboraron sobre el cuerpo, sus flujos, movimientos, impulsos y desvíos significaron sin duda un trabajo profundo sobre las formas vigentes de la subjetividad.
Se conoce la obra de los jesuitas en las misiones. El padre José de Anchieta —el apóstol de Brasil— quizá sea el símbolo mítico de un gesto que se opuso a la conquista, el sojuzgamiento y la eliminación.
Más tarde los jesuitas, junto con los franciscanos, educaron en sus colegios a gran parte de la aristocracia criolla y constituyeron los centros más importantes de la educación colonial.
Aquella eficaz tecnología disciplinaria, junto con el misionariado educativo, configuró el modelo que irán a heredar a quienes serán los fundadores, algunos siglos después, de la educación nacional. Sarmiento, Bello, Simón Rodríguez, Altamirano, Martín, fueron los hijos ilustres de las élites criollas que nacieron con la revolución. Educados en los colegios religiosos, bebieron con devoción la modernidad de aquellos espíritus que como el obispo de Oro, el deán Funes, de Mendive o San Alberto, trazaron los primeros contornos del dispositivo escolar.
Los maestros normalistas —según Puiggrós— se sentían apóstoles del saber y concebían a la educación como un auténtico misionariado. En el seno del normalismo fue reactualizada una tecnología educativa que fundaba sus cimientos en la profunda autoridad moral del maestro, en la rígida disciplina escolar, en el nuevo saber natural y positivo que se introducía, y en los rituales que van a asegurar la eficacia de la escuela.
El respeto y la admiración de los discípulos sobre los maestros van a ir extendiendo y reproduciendo el mito histórico que constituirá el suelo arqueológico de nuestra cultura escolar. Los testimonios de Justo Sierra sobre Altamirano, de Gabriela Mistral sobre Martí y Vasconcelos, de Ingenieros sobre Ramos Mejías, de Amanda Labarca sobre Bello y Sarmiento —entre muchos otros— trazan el espesor de la figura mítica del maestro y de su estatura moral.
Hay una herencia pacificadora y civilizadora en la escuela (en el sentido que le da Elias a este término) que es necesario retomar. Entre el reclutamiento y segregación de los atrasados escolares y la introducción de la lectoescritura en grandes franjas de la población; desde la estigmatización o exclusión de los niños anormales al desafío de las malas profecías sobre los orígenes de los niños; de la medicalización de la infancia miserable, enferma o abandonada hasta su promoción e integración, los distintos rostros de la escuela se muestran, confunden, distinguen, ocultan; balizan, en definitiva, un escenario contradictorio, complejo y en permanente tensión. 
Eduardo de la Vega
Fragmento del prólogo

Contenido

Prólogo
Eduardo de la Vega

Rostros en el cristal: infancias y modalidades educativas (a modo de introducción)
Antonio Padilla Arroyo

Primera parte
Raíces

Construcción del campo de la infancia anormal en Argentina. Discursos, representaciones y prácticas profesionales
Lucía Lionetti

Andamios de un discurso hegemónico sobre la educación especial en México, 1921-1935
María del Carmen Gutiérrez Garduño

Cursos de perfeccionamiento y de información pedagógica y sobre enseñanza de anormales y pruebas mentales y de instrucción en Buenos Aires (Argentina) y Antioquía (Colombia), 1926-1939
Alexander Yarza de los Ríos

Contar y clasificar a la infancia: las categorías de la escolarización en las escuelas primarias de la ciudad de México, 1870-1930
Josefina Granja Castro

Oficios y talleres: una alternativa de educación para los sordomudos mexicanos, 1874-1918
Luz María Abraján Cadena


Segunda parte
Cosechas

Primeras iniciativas institucionales para la educación especial. España y México, caminos paralelos
María Guadalupe Santos Carreto

Representaciones de la anormalidad: huellas y figuras en los profesionales de la educación especial en el estado de Morelos, México
Mayra Santoveña Arredondo

Actores de la educación especial en México: representaciones y prácticas sociales en la segunda mitad del siglo XX
María Concepción Martínez Omaña

Recuento de una política y de una experiencia educativa: los niños con capacidades y aptitudes sobresalientes en escuelas primarias públicas de Morelos, México
Felipe Pineda Barrera y Antonio Padilla Arroyo

Educación especial y tecnología: encuadre teórico en la perspectiva de Vygotski
Manuel F. Aguilar Tamayo y Holbrook Mahn


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Arquetipos, memorias y narrativas en el espejo. Infancia anormal y educación especial en los siglos XIX y XX
Antonio Padilla Arroyo (coordinador)
UAEM/Juan Pablos Editor (Ediciones Mínimas, Educación 4), Cuernavaca/México DF, 2012, 370 páginas
ISBN:   978-607-7771-77-7 (UAEM)
            978-607-711-098-9 (Juan Pablos Editor)
$260

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